El Dr. Francisco Solano Ramos y la iniciación de Martí
Tres meses después, y en la misma publicación, aparece otra nota sumamente interesante para el tema que estamos tratando: por primera vez se indica la posible potencia a la que pertenecía la logia que recibió por primera vez a José Martí. La información, escrita por Aurelio Miranda, dice que "El Dr. Francisco Solano Ramos nos había ofrecido un artículo sobre la iniciación, en Madrid, en una logia del Gran Oriente Lusitano Unido, del hermano José Martí; pues él la presenció y fue quien propuso al ilustre cubano para ingresar en la Institución. Con la muerte de aquel hermano no podemos dar a conocer esos datos, a no ser que su familia los encuentre y tenga la bondad de facilitárnoslo".

Los papeles nunca fueron hallados y el velo del silencio cayó de nuevo, pero antes dejó entrever puntos de sumo interés.

Existen razones para pensar que el ofrecimiento de Solano Ramos tuvo lugar dos semanas antes de su repentino fallecimiento. El médico Francisco Solano Ramos (1851-1899) murió el 28 de agosto de 1899, cuando sólo contaba con 48 años de edad. En esos momentos ocupaba la responsabilidad de Diputado Gran Maestro para el Distrito de Pinar del Río. A penas unos días antes de su lamentable descenso convocó a una reunión en su casa en la ciudad de Pinar del Río. Su propósito era tratar la reapertura de la logia “Paz y Concordia” y lograr apoyo para crear la "Liga contra la ignorancia de la provincia de Pinar del Río”. Entre los asistentes ese día se encontraban Aurelio Miranda Álvarez. ¿Sería en esa ocasión cuando Solano Ramos le ofreció a Miranda el mencionado artículo?

Nada extraño habría en ello. Es posible que esa haya sido la primera y única vez que los dos se encontraron después de la guerra. Recordemos que Miranda hacía sólo siete meses que había regresado a Cuba y que vivían en dos provincias distintas. Por otra parte, el encuentro tuvo lugar dos meses después de publicada la nota sobre el homenaje realizado a Martí en la logia habanera “Fe Masónica” y que debió haber leído Ramos, pues apareció en el órgano oficial de la Gran Logia de la Isla de Cuba. Pero para nosotros lo más significativo fue descubrir que en ese encuentro participó también el doctor Fermín Valdés Domínguez, amigo de toda la vida de Martí, con el que compartió la vida madrileña y masónica junto a otros cubanos como el propio Solano Ramos. Resulta absolutamente lógico que aquella ocasión haya resultado muy a propósito para la rememoración de aquellos días juveniles. Es presumible que hiciera muchos años que Valdés Domínguez no se encontrara con Solano Ramos y Martí había muerto en 1895, y a los tres —Ramos, Valdés y Miranda— los unía la masonería. Nada más natural que ese día el recuerdo del genial cubano y la masonería ocupase un espacio en sus conversaciones.

Antes de continuar, analicemos brevemente la confiabilidad de la fuente de información. Solano Ramos era dos años mayor que José Martí. Inició su carrera de medicina en la Real Universidad de La Habana en el curso 1869-1870, cuando tenía 18 años. Al año siguiente se traslada a España donde continúa estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid. Llegó a España al menos seis meses antes que Martí, quien arriba a la capital de la antigua metrópoli en febrero de 1871.

De la relación entre el estudiante de medicina y el de derecho dan fe testimonios y documentos. Cuando Fermín Valdés Domínguez recuerda la vida de Martí en la península, dice que no quiere olvidar “el cuarto de estudio de nuestro querido compañero Francisco Solano Ramos (...) un pequeño templo consagrado a la patria en donde se hablaba bajo, se leían y comentaban los periódicos filibusteros de Nueva York y se aplaudían los artículos de Martí...”. Por otra parte, Emilio Roig de Leuchsering, en su libro Martí en España, reproduce un documento que demuestra cómo desde los primeros momentos de su llegada a Madrid, Martí encontró en el joven Solano Ramos una persona de su confianza. El 31 de mayo de 1871 cuando Martí solicita matrícula de Derecho Civil en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, quien aparece como su fiador es Francisco Solano Ramos. Por ese mismo documento se conoce que entonces los dos vivían en la calle Lope de Vega: Martí en el número 40, cuarto 3ro y Solano Ramos en el número 34, cuarto 2do. Tenía entonces Martí dieciocho años y Ramos se aproximaba a los 21. Al mes siguiente arriba a Madrid Fermín Valdés Domínguez.

Ni Martí ni Solano Ramos olvidaron aquellos lazos afectivos que forjaron en sus días madrileños. Veinte años después, el autor de Ismaelillo “consideró un regalo para el corazón” una carta que acababa de recibir del amigo a quien apreciaba como “uno de los hombres más delicados y meritorios de Cuba —del médico, y hermano mío—, Francisco Solano Ramos” (el subrayado es nuestro). No aseguramos que el calificativo de “hermano” tenga la connotación de vínculos fraternales que se dan los masones en su trato entre sí. Pero si consideramos los antecedentes expuestos, y que el texto citado pertenece a una carta dirigida a otro masón, Néstor Ponce de León, esta resulta una hipótesis tentadora.
 
 
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