Como aceptan la generalidad de sus biógrafos, José Martí se inició en la masonería durante su primera deportación a España, que tuvo lugar entre febrero de 1871 y diciembre de 1874. Los testimonios indican que la logia donde tuvo lugar su ingreso fue "Armonía no. 52", que funcionaba en Madrid bajo la obediencia del Gran Oriente Lusitano Unido. La estancia estable de Martí en la capital española está documentada entre febrero del 71 y mayo del 73, así que éste es el período en que debió ocurrir; pero, más adelante, tendremos oportunidad de regresar sobre este punto. Detengámonos primero en una inexactitud que durante años se ha venido repitiendo respecto a cuándo se conoció públicamente la condición de masón de Martí. Reiteramos que de manera pública, pues en vida del Maestro otros lo reconocieran como tal y hasta él mismo se identificó como masón, como es posible comprobar en la polémica que sostiene en México en 1876.
La primera información publicada sobre la condición de masón de José Martí no es, como se ha repetido insistentemente, el famoso artículo que Fermín Valdés Domínguez publicó en el periódico habanero El Triunfo en 1908, aunque éste fuera el de mayor trascendencia, debido, sobre todo, a su posterior reproducción en las Obras de José Martí de la Editorial Quesada, y, por que sin dudas ofrece datos mas precisos.
Pocas semanas después de comenzar la guerra de independencia de 1895, el Capitán General de la Isla, el general Callejas, volvió a prohibir el funcionamiento de la masonería en Cuba. Al cesar el dominio español y tomar funciones oficialmente el gobierno interventor de Estados Unidos, el 1º de enero de 1899, se reorganiza la Gran Logia de la Isla de Cuba en marzo de ese año. A partir de ese momento comienzan las reaperturas de las logias antes existentes. Tan temprano como el 26 de mayo de 1899 la logia habanera “Fe Masónica” dedica la sesión de ese día a la memoria de José Martí, a quien se refieren como “mártir de nuestra libertad” e “insigne masón”. La nota, aparecida en el número del 1º de junio de 1899 de la revista La Gran Logia refiere que:" En la sesión celebrada en la noche del viernes ú1timo (26 de mayo) por la Logia Regular Fe Masónica, el Dr. Valdés Ragués propuso a los miembros de la misma se dedicara dicha sesión a la memoria del mártir de nuestra Libertad, el insigne masón José Martí".
Este debió ser el primer homenaje que la masonería de Cuba rindió al fundador del Partido Revolucionario Cubano. Nótese que el aspecto noticioso recae sobre el homenaje realizado, quizás hasta en la semblanza que pudo hacer del Apóstol Valdés Ragués, quien lo conoció en el colegio “San Anacleto” donde Martí cursó estudios primarios entre 1862 y 1865, pero no hay mayor expectativa al mencionar su filiación masónica. De no ser así, Aurelio Miranda Álvarez, director de la publicación y quien seguramente redactó la nota, en su carácter de acucioso historiador masónico, no hubiera dejado pasar una oportunidad como esa. Es de suponer que esto no encerrara ninguna novedad para quien durante la guerra del 95 vivió en Nueva York, lugar de residencia de Martí durante los últimos quince años de su vida. Allí pudo tratar a muchos de los que le conocieron. Lo que evidentemente desconocía Miranda era el taller donde se había iniciado el líder cubano. Pero de eso tuvo noticias muy pronto. |